La verdad, es que a pesar de mi dilatada existencia, nunca había mostrado gran interés por la astronomía y mucho menos, para realizar viajes de varios cientos de km, esperando un "avistamiento".
En este caso y por supuesto, muy motivado por mi amigo Valentín, el hecho del eclipse total, nos ha servido como excusa, para juntarnos y llevar a cabo una Ruta Moterocelestial.
Valentín, partía de Alcalá de Henares y servidor, de Zaragoza. Nuestro punto de reunión, era Soria y el destino previsto, para instalar nuestro observatorio eclipsal, el Puerto de Piqueras. (En el límite de la provincia de Soria, con la Rioja. 1.719 msnm)
El 12 de agosto, a primera hora de la mañana, preparo mi marcha, rumbo a la capital soriana. A esta temprana hora, la temperatura es muy agradable.
El tráfico, por la A-2, tampoco está muy complicado. En nada y menos, me planto en Calatayud.
He elegido esta ruta para el viaje de ida, porque a estas horas la otra alternativa (N-122) suele ir más sobrecargada de vehículos. Esa la dejaré, para la vuelta.
De Calatayud a Soria, no me cruce ni con una veintena de vehículos, circulando por la N-234. Paré a hacer alguna foto de postureo y a la hora prevista, me reuní con Valentín. Tras los saludos pertinentes, nos tomamos un calentito café y visitamos algunos monumentos.
Aquí, retratados junto a Gustavo Adolfo Bécquer.
También, visitamos el antiguo Monasterio de San Juan de Duero.
A media mañana, abandonamos la capital soriana y pusimos rumbo a nuestro previsto "Observatorio Solar" esto es, el antiguo Puerto de Piquera. (Digo lo de "antiguo,"porque el 3 de octubre de 2008 se inauguró un extraordinario túnel y ya no es necesario subir y bajar por la antigua trazada)
En realidad, el lugar no le acabó de parecer buen observatorio a mi compañero Valen. Su verdadera pretensión, era dejar allí las motos y mochila al hombro, subir hasta arriba del Cabezo de Piqueras. Algo más de 1.900 metros sobre el nivel del mar. Ante mi negativa a acompañarle, se avino a buscar un punto intermedio. La verdad, es que elegimos muy bien y pudimos disfrutar el fenómeno natural.
El denominado "Mirador de Piqueras" es un paraje a la derecha del puerto y un poco más elevado (unos 1.800 msnm) al que se accede por una buena pista de tierra)
En esta captura de pantalla, puede hacerse el lector una idea más clara de los lugares citados.
Por la hora que es, decidimos retornar con nuestras motillos a la civilización. Pretendíamos comer opiparamente, en algún restaurante de la zona. Nuestros deseos fuimos incapaces de cumplirlos. En cuatro o cinco pueblos, todos sus establecimientos hosteleros, nos recibieron con el consabido: "Tienen reservada mesa?" pues NO. La verdad, es que toda la provincia y capital soriana, estaba ese día a rebosar de visitantes nacionales y extranjeros. Sobre todo franceses.
Ya casi a las cuatro de la tarde, y en un pueblecito de un centenar de habitantes y apartado de la carretera (San Andrés de Soria) conseguimos un par de pinchos de tortilla, unas cervezas y unos helados. Buscamos luego por los alrededores, un lugar para "plantar" por la noche, nuestro hotel de mil estrellas, pero no nos pareció que ninguno mereciese la pena. Decidimos buscar gasolinera, para repostar y.... oh, sorpresa!!. En la zona, hay un hotel abandonado, con una zona de recreo entre ambos, con césped, bancos, papeleras etc.
Preguntamos a nuestros amigos de El Valle, si tendrían inconveniente en que pasásemos allí la noche y no mostraron contrariedad. Con el lugar de pernocta asegurado, enfilamos de nuevo, rumbo al Mirador de Piqueras.
Cuando volvimos y pese a que faltaban más de tres horas para el eclipse, ya teníamos muchísima compañía. Sobre todo, franceses y holandeses.
Conversamos con nuestros vecinos, caminamos por los alrededores y al final, Valen, sacó una colchoneta hinchable y nos tumbamos cómodamente a esperar la hora del "suceso".
Ya habiendo rebasado las 20 horas, se notaba el nerviosismo en todos los emocionados vecinos. Casi todos, tenían cámaras con grandes objetivos y trípodes aparatosos y a cada cambio que iban observando en el astro rey, las exclamaciones y los signos de alegría, eran muy patentes y contagiosas. Nosotros, por nuestro lado, sacamos nuestro sofisticado equipo de protección, de 2.5€ de precio de compra y nos dispusimos con nuestros modestos celulares, a plasmar lo nunca visto.
La foto, no es mía. Me la pasó un holandés muy simpático y con mucha aparatología, que había a nuestro lado.
Durante el minuto y medio o así que duró el eclipse, lo que sí observe desde las alturas, es que abajo, en la entrada del Túnel de Piqueras, automáticamente se encendió todo el alumbrado y que bandadas de pájaros volaban algo descolocados. Sin embargo, a nuestro alrededor, había vacas sueltas por el monte y algunos caballos también y todos los vecinos de alrededor, comentaron que habían seguido pastando sin ninguna alteración aparente. (igual que yo...)
Una vez acabado el evento y despedidos educadamente del vecindario, nos dispusimos a descender de nuevo el Puerto de Piqueras. (¡Cuanto lo disfrutamos ese día!!)
Nos llegamos de nuevo, hasta el lugar elegido para pernoctar. (En ese banco, vamos a cenar nuestras viandas, y pegaditos a esa pared verde, colocaremos nuestros "dormitorios".)
Cenamos las provisiones que para esa comida, sí habíamos traído de casa y después, hasta que apagaron las luces del complejo ya en la media noche, estuvimos viendo en el cielo una buenísima tanda de Perseidas o como popularmente se las conoce, "Lagrimas de San Lorenzo". (De ahí, lo de Ruta moterocelestial)







































No hay comentarios:
Publicar un comentario